El impacto del bloqueo energético en la generación de electricidad en Cuba

Cuba atraviesa una de las crisis energéticas más graves de su historia reciente. Apagones prolongados que en algunos momentos han dejado sin electricidad hasta el 70% del territorio nacional, termoeléctricas fuera de servicio y una población que enfrenta jornadas enteras sin suministro eléctrico. Detrás de esta situación, las autoridades cubanas señalan una causa principal: el bloqueo energético impuesto por Estados Unidos, que ha transformado las ya de por sí difíciles condiciones del sector en una emergencia nacional.

¿Qué es el bloqueo energético?

El bloqueo energético no es un fenómeno nuevo, pero sí ha alcanzado una intensidad sin precedentes. A partir de enero de 2026, una orden ejecutiva del gobierno estadounidense intensificó la política de asfixia económica, transformando el bloqueo en uno de carácter energético “de máxima intensidad”. Esta medida amenaza con aranceles y sanciones secundarias a cualquier país o empresa que suministre combustible a la isla.

El ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, ha sido tajante: la principal causa de la crisis actual es la falta de combustible, asociada al recrudecimiento del bloqueo económico y energético contra Cuba. El país ha dejado de recibir diésel, fuel oil, gasolina, combustible de aviación y gas licuado de petróleo, lo que impacta directamente en la generación eléctrica.

Cifras del impacto: megawatts que no se generan

Las cifras son elocuentes y reflejan la magnitud del problema:

  • Más de 1.400 MW de capacidad instalada no pueden utilizarse por falta de combustible, incluyendo la generación distribuida y los motores de Mariel y Moa. El propio presidente Miguel Díaz-Canel lo expresó con claridad: “El bloqueo energético nos tiene atrapados 1.400 megawatts que no podemos usar”.
  • En un día típico de mayo de 2026, la cantidad de energía que se dejó de generar por indisponibilidad de combustibles ascendió a 1.100 MW.
  • El déficit de generación ha alcanzado cifras alarmantes: más de 2.000 MW en el horario de máxima demanda o pico nocturno. El déficit promedio durante el día ronda los 1.400 MW y alcanza entre 1.800 y 1.900 MW en el pico nocturno.
  • 106 centrales de generación distribuida permanecen fuera de servicio por falta de combustible, además de las patanas de Regla y Melones y las centrales de fuel oil de Mariel y Moa.

La capacidad de generación disponible en algunos momentos críticos se ha reducido a apenas 990 MW frente a una demanda de 3.250 MW, con 10 de 16 termoeléctricas fuera de servicio por averías o mantenimiento.

El ciclo del agravamiento

La situación se ha retroalimentado en un círculo vicioso. Desde diciembre de 2025, Cuba estuvo prácticamente cuatro meses sin recibir combustible. La única excepción fue un donativo de Rusia con unas 100.000 toneladas de crudo que permitió un alivio temporal durante varias semanas. Sin embargo, esas reservas se agotaron y el país volvió a enfrentar un escenario extremadamente complejo.

El presidente Díaz-Canel ha señalado que Cuba requiere al menos ocho envíos de combustible al mes para estabilizar el servicio. En los últimos seis meses, solo entró un carguero —el barco ruso— que permitió durante 15 días tener una situación totalmente distinta, lo que demuestra que el país tiene capacidad para generar y que es el bloqueo el que lo impide.

El deterioro de la infraestructura

A la falta de combustible se suma el deterioro acumulado de las termoeléctricas. Alrededor del 80% de los grupos electrógenos están fuera de su vida útil. Las plantas, muchas construidas entre las décadas de 1970 y 1990, trabajan con fuerte desgaste tecnológico y escasez de piezas de repuesto.

El bloqueo también impide la adquisición de repuestos y tecnología. En 2023, una empresa europea canceló la venta de repuestos para turbinas de generación por miedo a sanciones de EE.UU., a pesar de que Cuba tenía el financiamiento. Una empresa de un país amigo negó la asistencia técnica para poner en funcionamiento una pieza imprescindible de la termoeléctrica de Cienfuegos.

Las sanciones también afectan a la estatal Unión Cuba-Petróleo (CUPET), sancionada en junio de 2026 al amparo de la Orden Ejecutiva 14404. El ministro de Energía y Minas ha denunciado que 56 de las más de 200 medidas aplicadas por la administración Trump siguen vigentes y afectan directamente al sector.

Consecuencias para la población

Los apagones prolongados han pasado a formar parte de la vida cotidiana de millones de cubanos. En marzo de 2026, se produjeron tres grandes apagones en todo el país y los cortes de luz a veces superan las 20 horas al día. En los peores momentos de la crisis, el 62% del territorio cubano llegó a quedarse sin electricidad.

Las consecuencias son múltiples:

  • Dificultades para cocinar, conservar alimentos y bombear agua
  • Acumulación de basura en las calles por la imposibilidad de operar los camiones de recolección
  • Afectación a servicios esenciales como hospitales y escuelas
  • Impacto en la mortalidad infantil y otros indicadores sociales

Expertos de la ONU condenaron el bloqueo de combustible en febrero de 2026, calificándolo como “una grave violación del derecho internacional y una seria amenaza para un orden internacional democrático y equitativo”.

La respuesta cubana: resistencia y transición energética

Pese al adverso contexto, Cuba ha logrado avances significativos. A finales de 2025, el país recuperó la generación distribuida hasta superar los 1.000 MW, lo que resultó vital durante el huracán que afectó a varias provincias orientales.

El impulso a las energías renovables ha sido uno de los mayores logros. En 2025, la participación de fuentes renovables en la generación eléctrica saltó del 3,6% al 10%. Se instalaron 52 parques solares fotovoltaicos que aportan más de 1.000 MW. En el horario diurno, estos parques llegan a generar más del 50% de la energía del país. Cuba supera ya los 1.300 MW de potencia solar instalada.

Sin embargo, el ministro de Energía advierte que la debilidad del resto de la red obliga a limitar la entrada de energía solar para evitar fluctuaciones peligrosas. La transición energética avanza, pero el bloqueo sigue siendo un obstáculo fundamental.

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